Cuando te pruebes la que puede ser tu futura zapatilla, clava la vista y tus sentidos en estos seis apuntes que te serán de utilidad para elegir con acierto.

1.Suela

Existen diversos grados de rigidez en función del material y disposición de éste en la suela. Un calzado con un índice bajo de rigidez nos resultará cómodo cuando nos bajemos de la bici o realicemos porteos. Las suelas más rígidas las emplean aquellos que buscan una inferencia más directa de pedaleo para un uso más deportivo.

2.Plantilla

Últimamente se ha evolucionado mucho en este sentido, en gran parte debido a los podólogos o a los estudios biomecánicos. Las plantillas de hoy en día ya no sólo nos permiten diversos grosores y altas capacidades de transpiración. Algunas marcas han incorporado cuñas que se adaptan a la morfología de nuestro pie en búsqueda de un pedaleo eficiente.

3.Horma

La horma es una pieza generalmente de madera, que emula las dimensiones y perfil del pie dotando la zapatilla de su forma. Tradicionalmente las zapatillas más deportivas emplean hormas más estrechas. Abstenerse usuarios de pie ancho si no quieren tener problemas de circulación de la sangre con el consiguiente adormecimiento de los dedos.

4.Cierre

El velcro es el cierre más empleado por los fabricantes de zapatillas de gama media. Un velcro de calidad nos garantiza un sistema nítido y sencillo que se amolda perfectamente a nuestros empeines. Además, por su simplicidad, pesan poco. En contra debemos saber que con el envejecimiento la puntera se levanta y pierden propiedades de enganche.

5.Puntera

Sin duda, una de las partes más expuestas a sufrir golpes, rozaduras o las propias inclemencias del terreno. Cuanto más reforzada esté, más nos garantizará una rendimiento duradero. Punteras de goma, plástico o piel gruesa deben estar lo más integradas posibles, evitando así desagradables descosidos. Estas protecciones también son muy necesarias en el talón.

6.Ventilación

En forma de rejillas o perforaciones aparecen estratégicamente en la zapatilla y se encargan de que nuestro pie no se caliente en exceso, sobre todo en verano, porque favorecen la ventilación. Durante el clima frío propio del invierno deberemos compensarlo con un calcetín grueso o cubrebota específico. Todo dependerá del clima del lugar por donde suelas moverte.

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